Manual para entender a las mujeres cabreadas
El otro día, sentada en el autobús que me llevaba a casa, me senté delante de una pareja joven que no paraba de discutir. Me hizo mucha gracia porque tanto ella como él seguían las pautas de una discusión perfectamente normal entre una mujer y un hombre que salen juntos y en la que cada uno tiene su orgullo, pero la chica es un poquito más orgullosa que él. Fui sacando conclusiones de esta situación:
Las mujeres cuando nos cabreamos y queremos castigar a los hombres hacemos una cosa muy simple: no hablar, y si pronunciamos alguna palabra son solamente las necesarias para decir “no me pasa nada”. ¿Por qué hacemos esto? Creo que existe una doble respuesta para eso: porque realmente no nos apetece hablar del tema porque el cabreo nos ciega y porque sabemos que os frustra. En estos casos, y tirando piedras sobre mi propio tejado, lo mejor que se puede hacer es preguntar un par de veces y luego quedarse mirando hasta que nos dignamos a abrir la boca. Y es que cuando empezamos a notar que el chico está a punto de ebullición nos dignamos a soltar un monosílabo, o dos, o tres.
Otra cosa que hacemos cuando estamos cabreadas es utilizar la manipulación. Cuando queremos decir al chico “no te vayas, quédate conmigo”, pero nuestro orgullo nos lo impide, soltamos una frase incomprensible, con como máximo dos palabras con sentido y preferiblemente en bajito pero mirando a la cara a nuestro interlocutor, que no se entera de nada… obviamente. Así que, cuando él, perplejo dice; “¿Qué?” no contestamos y aceleramos el ritmo de huída diciendo “nada”. Ese es el momento en que el chico se levanta y nos sigue. Por supuesto, esto no siempre funciona. Los hay tan arrogantes y orgullosos como nosotras que no caen en estas tácticas.
Las personas necesitan discutir, y más cuando están estresadas, así que cuando pasa esto, no hay manera de huir de la pelea: cualquier cosa que hagas o dejes de hacer será mortal. Lo más recomendable es dar un buen espectáculo y quitarse el problema del tirón. A veces, cuando tenemos ganas de discutir y el otro no cae en la trampa, nos ponemos a picotearle de tal manera que parece que lo vamos a despellejar vivo. Lo he visto en tantas ocasiones que me da “cosa” recordarlas y en todas el tío intentaba zafarse del problema y acababan con uno más gordo. A veces, aunque no lo parezca, discutir parece ser la solución.


Agar dijo
estoy totalmente de acuerdo contigo. las cosas hay que hablarlas o discutirlas porque si falta comunicación, falta todo. a veces las mujeres hacemos cosas que no se entienden, y yo me incluyo, porque alguna vez he utilizado la táctica esa de decir las cosas en bajito y todo eso. aunque también reconozco que me gusta mucho discutir, y a la mayoría de los hombres, eso no les va...
buen post!!
saludos
25 Mayo 2007 | 03:07 PM